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LA POBREZA INFANTIL: ¿Crimen de Lesa Humanidad?

Ahora que se apagó el ensordecedor ruido de palabras y gritos vacíos de contenidos tiradas al aire por los candidatos, como si fuesen vendedores ambulantes que buscan seducir e imponer su producto ante un electorado ávido de soluciones mágicas a problemas estructurales que arrastramos hace décadas y que espera al mesías prometido que nos saque de la esclavitud y nos lleve a “una tierra que mana leche y miel”1, tal vez ahora podamos hacer silencio y llenar de sentido nuestras palabras y acciones y dejarnos interpelar por la pobreza infantil, una realidad que atraviesa a las diferentes gestiones de gobierno, que trasciende las fronteras territoriales, que involucra a todos los actores sociales, que implica a todos los organismos internacionales y que es sin lugar a duda es el mayor de los crímenes sociales, aunque se intente suavizarla utilizando eufemismos tales como escándalo o deuda.

«Son un elemento más del paisaje»

El lenguaje crea realidad, por eso no es ingenuo como los medios, los gobiernos y los organismos internacionales buscan presentar a la pobreza infantil, creando en el imaginario social un relato que los exculpe y libere de toda responsabilidad, ubicando finalmente a la pobreza infantil en el marco de la fatalidad, la herencia o simplemente de las consecuencias no deseadas de la política económica, que llegará en algún momento a resolver esa problemática social.

No es casual que de tanto en tanto organismos públicos y privados realicen costosos informes estadísticos que dan cuenta de una dramática realidad que viven cientos de miles de niñas, niños y adolescentes, que está a la vista de todos y que sin embargo decidimos no ver porque como dice la canción “son un elemento más del paisaje los residuos de la calle son su camuflaje como algo que existe que parece de mentira, algo sin vida pero que respira”.

Tras el informe estadístico rápidamente aparecen las placas rojas, los grandes titulares, la palabra de los expertos en pobreza infantil que se ubican en lujosas oficinas, la opinión de cuanto pseudo periodista, artista o notero sea convocado y comenzamos a hablar del escandaloso dato de pobreza infantil. 

Y teniendo en cuenta  que un escándalo es un “incidente ampliamente publicitado que incluye acusaciones de proceder incorrecto, degradación o inmoralidad, se crean las condiciones necesarias y suficientes para el Mega Show Mediático en el se lanzaran acusaciones, habrá testimonios desgarradores, nos golpearemos el pecho, haremos que el sol salga para los chicos y un rato después otro escándalo (el del deportista y la vedette por ejemplo) despertara la misma pasión e interés y los chicos pobres seguirán estando ahí, aunque ahora ya no los veamos porque vuelven a ser “un elemento mas del paisaje”. 

«La deuda por definición es simplemente un compromiso de pago que puede llevar toda la vida saldar»

Otro eufemismo, más sofisticado, más técnico que se desprenderá del raid mediático y se instalará en congresos y foros nacionales e internacionales y que dará material suficiente para la publicación de cientos de artículos y libros que engrosaran las arcas de las editoriales y los bolsillos de los expertos es hablar de la pobreza infantil como la gran deuda que tienen los gobiernos y la sociedad; especialmente este año que celebramos (¿celebramos?) los 30 años de la Convención de los Derechos de niñas, niños y adolescentes.

Este concepto de la pobreza infantil como deuda es casi más peligroso y cínico que el de considerarla un escándalo, porque mientras el escándalo nos moviliza y busca realizar acciones urgentes que reduzcan su impacto.

La deuda por definición es simplemente un compromiso de pago que puede llevar toda la vida saldar o como estamos acostumbrado con nuestras deudas defaultear, reestructurar o para utilizar un término más actual reperfilarlas, “el Dios se lo pague”, la limosna, la caridad, los planes sociales se transforman en el medio de pago a largo plazo con el que solemos saldarla. Todos conocemos niños y niñas que hoy ya tienen 50 o 60 años y todavía les estamos pagando esa deuda; otros no tuvieron esa suerte y esa deuda caducó porque murió cuando tenía 2 o 3 años producto de la pobreza infantil.

«Hay que sumarle las condiciones de vida infrahumana a la que están expuestos»

La Pobreza Infantil no es estadística, ni escándalo, ni deuda; la pobreza infantil es una realidad cruel, perversa y asesina por la que atraviesan cientos de miles de chicos y chicas que tiene como víctimas ese ancho ejército de niños sacer de los que hablaba Giorgio Agambén, aquellos por cuya muerte nadie paga, aquellos que la humanidad ofrenda a los dioses sin que importe ni aparezca la culpa. El sacrificio olvidado. Aquel que se hunde en la desmemoria. Del que la condición humana se desprende sin miramientos”2.

Hay 1000 millones de niñas y niños pobres en el mundo, 18.000 niños y niñas menores de 5 años mueren por día a causa del hambre (6.570.000 al año), el 10 % de los niños que viven en países en vía de desarrollo mueren antes de cumplir los 5 años por causas relacionadas con desnutrición crónica; 30.000 niños menores de 5 años mueren por enfermedades que podrían haber sido evitadas; 600 millones de niños viven en la pobreza extrema. A esto hay que sumarle las condiciones de vida infrahumana a la que están expuestos negándoles las oportunidades y las opciones más fundamentales del desarrollo humano: vivir una vida larga, sana y creativa y disfrutar de un nivel decente de vida, libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás.

Indudablemente la Pobreza Infantil genera víctimas, pero no victimarios y eso lo hace un delito impune. Por eso es necesario avanzar sobre una nueva categorización en relación con la pobreza infantil, es necesario sancionar penal y civilmente a funcionarios, gobiernos, organismos internacionales y de crédito y los sectores concentrados de la economía que por acción u omisión no temen las medidas ordinarias y extraordinarias y todos los recursos humanos y económicos para erradicar la pobreza infantil.

«La pobreza infantil no es fruto de errores»

¿Será preciso, entonces, ubicar a la Pobreza Infantil bajo el encuadre penal de “Delito de Lesa Humanidad”, definido por Estatuto del Corte Penal Internacional aprobado en julio de 1998, diferentes tipos de actos inhumanos graves cuando reúnan dos requisitos: “la comisión como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil, y con conocimiento de dicho ataque”?

La pobreza infantil no es fruto de errores, ni de la fatalidad, es consecuencia de medidas y planes económicos decididas y ejecutadas con racionalidad e intencionalidad y que representan claramente “un ataque generalizado o sistemático contra una población civil» (niñas y niños) y todos son conscientes de estas consecuencias.

Hay al menos cinco puntos definidos por el Estatuto de la Corte Penal Internacional que permiten definir a la Pobreza Infantil como aun delito de lesa humanidad:

  1. Asesinato: privación de la vida a una persona inocente concreta.
  2. Exterminio: privación de la vida a un grupo de personas inocentes, comprendiendo la imposición intencional de penosas condiciones de vida, y la privación del acceso a alimentos o medicinas entre otras acciones, encaminadas a causar la destrucción de una parte de la población. El exterminio está estrechamente relacionado con el genocidio, ya que ambos se dirigen contra un gran número de personas. Ahora bien, el exterminio se da en casos en que se mata a grupos de personas que no comparten características comunes o cuando se mata a algunos miembros de un grupo pero no a otros.
  3. Esclavitud: ejercicio de los atributos del derecho de propiedad sobre una persona, o de algunos de ellos, incluido el ejercicio de esos atributos en el tráfico de personas, en particular mujeres y niños.
  4. Deportación o traslado forzoso de población: desplazamiento de las personas afectadas por expulsión y otros actos coactivos de la zona en que estén legítimamente presentes, sin motivos autorizados por el derecho internacional.
  5. Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física.

«Ahora es tiempo de actuar, es tiempo de concretar, de pagar y de cumplir»

Para erradicar la Pobreza Infantil debemos corrernos de los discursos políticamente correctos, de las actitudes madreteresistas que nos hacen creer que salvando a uno ya hemos salvado a todos; del show mediático y farandulesco en la que millonarios artistas y empresarios publicitan su inmoral limosna para ser aplaudidos por fanáticos que cruzan la vereda cuando ven un niño pobre que vive en la calle, de la promesa vacía, inescrupulosa y artera de la política que no solo no erradico la pobreza infantil sino que vilmente se ha valido de ella para construir feudos.

La Pobreza Infantil es un Delito de Lesa Humanidad y por lo tanto tenemos que hacer que esos delitos sean imprescriptibles, que cesen de inmediato las acciones delictivas, que se asista en forma urgente e integral a las víctimas y que los responsables respondan penal y civilmente por el delito cometido.

Mientras sigamos revistiendo de eufemismos este grave delito seguiremos siendo cómplices pasivos de la muerte que nadie paga.

Se apago el ruido de los bombos, las marchas y los debates. Ya no hay spot ni slogan, ahora es tiempo de actuar, es tiempo de concretar, de pagar y de cumplir. Es hora de un tiempo distinto porque si no es inútil y es absurdo “ensayar en la tierra la alegría y el canto», porque de nada vale si hay un niño en la calle, si hay un niño pobre 3.

 

Lic. Carlos Caballero
Presidente de Asociación Civil GES

    1. Libro del Éxodo 3,8
    2. Artículo de Claudia Rafael: “Niños sin nombre: la muerte que nadie paga
    3. Armando Tejada Gomez: «hay un niño en la calle»