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MILITANTES DE LA VIDA

“Cantamos porque el niño y porque todo / y porque algún futuro y porque el pueblo / cantamos porque los sobrevivientes / y nuestros muertos quieren que cantemos”

Mario Benedetti. Por qué cantamos. 1979

 

Como suele ocurrir en reiteradas oportunidades, en nuestra sociedad, se instalan temas complejos, controvertidos y polémicos que responden a intereses particulares y/o sectoriales, a posiciones dogmáticas (religiosas o políticas) y que son utilizados, en general para lanzar bombas de humos efectistas, que tapan otros temas de interés general y difícilmente se permitan hacer de esos temas reflexiones serias, éticas, científicas y responsables.

En la Argentina de los últimos años es muy difícil opinar o tomar posición sobre distintos temas, sin caer indefectiblemente en la grieta absurda de estar de un lado o de otro; es más, llama la atención como muchos según les convenga se ponen de un lado o del otro de ese abismo cultural, en la que empecinadamente seguimos caminando.

Hace pocos días atrás se realizó en distintos puntos del país la denominada “Marcha de los Pañuelos Verdes” que convocó a miles de personas bajo la consigna “Aborto legal, seguro y gratuito” y, rápido de reflejos el gobierno dejo trascender que habilitará en el Congreso la discusión sobre la ley de Aborto. Y todo el arco político, social y religioso comenzó a ordenar sus fichas y a jugar el juego del debate, el enfrentamiento, la descalificación y los slogans.

“Creo que es necesario en el debate no utilizar eufemismos”

Creo que siempre es necesario habilitar los debates en el ámbito de la democracia, el respeto y la búsqueda de consensos, aún en aquellos temas que pueden herir nuestras sensibilidades y posiciones ideológicas; sin embargo, también creo que en temas tan delicados como la “defensa de la vida” no podemos, ni debemos apelar a la chicana, ni a la fuerza, ni a quien grita o “marcha” más fuerte.

Pienso que cada vez que se pone en juego la vida, los debates deben des-apasionarse, des-ideologizarse, des-politizarse y se debe dar lugar a la racionalidad ética y a la honestidad moral de todos los actores involucrados. Para esto es importante partir de la verdad (o al menos de las distintas verdades que cada uno esgrime) y poder hacer, hilos conductores que nos permitan ver en perspectiva la discusión que se instala en la sociedad.

Para poder mirar en perspectiva este debate, necesito (al menos yo) remitirme a unos días anteriores a la marcha pro-aborto, cuando el presidente y la ministra de seguridad recibieron y felicitaron al policía Chocobar por haber asesinado a un delincuente que había robado y herido a un turista. Esa reunión desató una serie de discusiones y debates enardecidos sobre la actitud presidencial, a tal punto que el analista Durán Barba justificó ese encuentro y la actitud del agente policial con la frase “La inmensa mayoría de la gente quiere la pena de muerte” y en el otro extremo de la grieta Hebe de Bonafini se sumó a la marcha de Moyano, con la consigna “”por los pibes chorros que los matan en los barrios”.

Estoy convencido que existe un eje transversal entre el “efecto Chocobar” y el “debate del aborto”, un eje que nos atraviesa como sociedad y que sutilmente nos hace poner de un lado o del otro del debate, según jueguen nuestros sentimientos, principios, ideologías o dogmas. En ambos casos se ponen en juego “el Derecho a la Vida” y la posición de ser o no “Militantes de la Vida”, o serlo según nos conmueva más o menos el caso.

“Cada vez que se interrumpe la vida, estamos hablando de “matar la vida””

Más allá de mis convicciones religiosas (que las tengo y no siempre están de acuerdo con la oficialidad y ortodoxia eclesial), me considero cercano a todos aquellos que defienden, cuidan y promueven la vida y bajo ninguna circunstancia apelan a la muerte como método o forma de resolver situaciones problemáticas o incluso delictivas. Me considero un “Militante de la Vida” y desde ese lugar me quiero parar en estos debates (pena de muerte / aborto / eutanasia); y cabe aclarar que cuando digo “militante de la vida” hablo de la vida y no del “sobrevivir” al que están condenados miles de pobres y excluidos del sistema; los que defienden y promueven ese sistema “subsistencia”, también están dentro de los que apelan a la muerte para solucionar los problemas económicos y financieros del mundo.

Como defensor de la vida me llama mucho la atención como, muchas veces, hablamos de cuidar los árboles, las plantas, los animales, la naturaleza, porque son seres vivos y ponemos en cuestión “la vida engendrada” y empezamos con debates interminables sobre si ¿hay persona o no?, ¿si sufre o no?, ¿si siente o no?

Los griegos utilizaban dos términos para referirse a la vida: una era ζωη(zoè) para referirse a la vida en general, como característica común de todos los seres vivientes, y por lo tanto no se empleaba en plural y la otra era Βιοζ (bíos) para referirse a las vidas concretas. Desde esta perspectiva y sin entrar en cuestiones morales, cada vez que se interrumpe la vida, estamos hablando de “matar la vida”, de quitar toda posibilidad de nacer, crecer y reproducirse, y toda potencialidad que en cada vida existe. Esto ocurre tanto en el aborto, como la pena de muerte. Y creo que es necesario en el debate no utilizar eufemismos, ¿estamos de acuerdo o no en “matar” la vida?

“El derecho a elegir y decidir estaría por encima del cuidado y defensa de la vida”

Otro tema que se instala (con poca claridad) en este debate “sobre la defensa o no de la vida”, es el concepto de “despenalizar el aborto”, y es necesario aclarar que existe el aborto legal y despenalizado, y está en nuestra legislación (artículo 86 del Código Penal) y este aborto no solo es legal, sino también gratuito. En todo caso se podrá plantear la ampliación del Código Penal y establecer en qué situaciones se hace imperioso e imprescindible interrumpir la vida. Y en este punto creo que se debe avanzar profesional y científicamente.

En medio de todo esto, hay algo que realmente me hace mucho ruido y no deja de sorprenderme; como muchos de aquellos que dicen defender la vida (naturaleza, animales, pibes chorros), al defender el aborto promueven “el derecho a la libre elección” el “derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo”. Es un derecho difícil de entender y explicar, porque si reconocemos que en el “ser engendrado” hay una persona, individuo o ser humano, estamos hablando que el derecho a decidir es unilateral y se utiliza la posición de poder para asesinar, y, si no reconocemos la existencia de un ser humano en lo engendrado, si o si estamos ante la presencia de “vida”, de un “ser viviente” y entonces el derecho a elegir y decidir estaría por encima del cuidado y defensa de la vida.

“Nuestro país incorporó con rango constitucional la Convención de los Derechos de los Niños”

Como en nuestro ordenamiento legal todos somos iguales ante la ley, podemos plantear que ese derecho a la libre elección y decidir sobre nuestro cuerpo, habilitaría a todos a poner la vida humana o natural a nuestro servicio, a nuestra conveniencia y por lo tanto, la vida ya no sería el derecho fundamental, ni el bien más preciado de la humanidad.

Por último, para también aportar claridad al debate, nuestro país incorporó con rango constitucional la Convención de los Derechos de los Niños y establece que se considera niño a todo ser humano desde el momento de la concepción hasta los 18 años (Ley 23849 art. 2) y que la Convención establece en la Parte I art. 6 el Derecho intrínseco a la Vida. Por lo tanto, aun cuando se pudiera conceder “el derecho a la libre elección”, se estaría vulnerando y violando el derecho del niño, y en este caso creo que, por un principio de igualdad, se debe defender y proteger el derecho del más débil.

“Es necesario habilitar los debates en el ámbito de la democracia, el respeto y la búsqueda de consensos”

Insisto siempre en la necesidad de dar debates democráticos y plurales, serios y responsables; descreo en los oportunismos políticos partidarios que instalan los debates como cortinas de humo, desconfío en quienes defienden posiciones dogmáticas y sectarias, dudo de quienes defienden posiciones personales o sectoriales por encima del bien común y sospecho de quienes llamándose militantes de la vida la defienden o no según sus intereses.

La destrucción de la vida como camino de regulación social nunca aportó bienestar ni plenitud (individual y colectivamente), apelar a mecanismos de muerte siempre abre puertas a más muerte a más destrucción. Debemos cuidar, defender y proteger siempre la vida, desde el “no-nacido” hasta el “mal nacido”.

El camino de la muerte y la destrucción de la vida hace a todos víctimas, a muchos victimarios y a otros tantos cómplices; por eso creo que se debe apelar siempre a “la vida” y vida en plenitud; debemos ser siempre (pase lo que pase) “militantes de la vida” y juntos entonces “honrar la vida”.

Carlos Caballero
Presidente de Asociación Civil GES