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Todo va a estar bien

ORGANIZANDO LA SOLIDARIDAD Y LA ESPERANZA

LOS CPI EN TIEMPO DE CORONAVIRUS

¡Sorpresivamente, un día todo cambió! Nuestrxs niñxs dejaron de habitar nuestros espacios, nuestrxs educadorxs se encontraron sin saber qué hacer y nuestras familias se llenaron de angustias y desconcierto. Nos llenamos de protocolos y de comunicados que cambiaban con la rapidez de la emergencia.

¡Sorpresivamente, un día todo cambió! La excepcionalidad de la medida de aislamiento social, preventivo y obligatorio que se pensaba por quince días terminó constituyéndose en la regla que organiza las relaciones sociales.

¡Sorpresivamente, un día todo cambió! Tuvimos que aprender a caminar con más dudas que certezas, tuvimos que aceptar la provisoriedad como forma organizativa de nuestros tiempos y espacios, tuvimos que reconocernos vulnerables y limitados para dar todas las respuestas.

¡Sorpresivamente, un día todo cambió! Se hizo necesario resignificar nuestra tarea, fortalecer nuestras relaciones y consolidar la gestión asociada entre las organizaciones y el Estado. El trabajo en equipo dejó de ser una expresión de deseo y se constituyó en la herramienta más efectiva para enfrentar juntos la crisis.

¡Sorpresivamente, un día todo cambió! Pasaron más de 40 días de ese día en el que ¡sorpresivamente todo cambió!, y aunque no sea noticia en los medios, aunque no se brinden aplausos y a pocos les importe; desde ese día en el que todo cambió, los Centros de Primera Infancia pasaron a ser espacios barriales organizadores de la solidaridad y la esperanza.

Hubo que darle forma a la solidaridad, organizarla y hacerla efectiva para garantizar el derecho a la alimentación de cada niñx y a cada familia.

Mas allá de los errores y desinteligencias propias de tiempos de emergencia, es meritorio reconocer como las autoridades del Programa de Centros de Primera Infancia, sus equipos técnicos y supervisoras trabajaron y trabajan para que todas las familias puedan recibir la ayuda alimentaria. Y semanalmente han podido garantizar la entrega de alimentos desde el inicio de la “cuarentena”; mejorando y fortaleciendo semanalmente el servicio.

La comunicación tanto de la Responsable del Programa CPI, sus equipos y supervisoras con los referentes de los CPI, ha sido fluida, cordial y constante, esto ha facilitado superar los inconvenientes, sistematizar las entregas (proveedor – CPI – familia) y tener la posibilidad de estar en contacto las 24 hs sin importar que sea día de semana, feriado o fin de semana. Vamos aprendiendo juntos, sabiéndonos parte de un proyecto común, más allá del lugar que hoy nos toca estar.

Pero sabemos que el camino a recorrer es largo todavía, que hace falta seguir redoblando los esfuerzos, agudizar nuestra creatividad e innovación. Hace falta profundizar el acercamiento y acompañamiento a nuestrxs niñxs y a las familias y reforzar nuestro trabajo en equipo.

Se viene el tiempo de pensar más allá del COVID 19. Se viene el tiempo de tejer esperanza y construir utopías, creyendo en la infancia y todas sus potencialidades, promoviendo a las familias y reforzando nuestro rol de educadorxs sociales.

Por eso, en este tiempo y más que nunca, nuestros CPI deberán constituirse en espacios desde donde se anima y organiza la solidaridad y la esperanza. Y para que pueda ser así vamos a ir consolidando nuestra presencia y ampliando nuestro tiempo de atención en cada Centro, cuidándonos y cuidando, “porque el cuidado tiene que ver con la disponibilidad; estar disponible para ese otro más vulnerable” (I)

Es un tiempo para establecer, como señala Denise Najmanovichii (II), el “cuidado como política” entendida como un tejido colectivo, plural y a su vez singular que potencia el buen vivir y las pasiones alegres, es un otro atento, disponible, que afecta y es afectado en el encuentro con los demás; que sostiene y es sostenido”.

Desde esta perspectiva las próximas semanas y meses será un tiempo de mucho trabajo, de mucha reflexión y de mucha organización. Tendremos que caminar juntos hacia el día “que todo esto pase”, anticipándonos al día en que volvamos a encontrarnos sabiendo lo importante que será para lxs niñxs y sus familias ese día, pero también entendiendo que ese encuentro debe prepararse, que frente a la ausencia física debemos reforzar el vínculo significativo entre ellos y nosotros. Tenemos que prepararnos para ese día porque “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad!”(III)

¡Sorpresivamente, un día todo cambió!, y la crisis se volvió oportunidad, el desconcierto dio pasos a pequeñas certezas, el miedo fue superado por la confianza de que todo iba a pasar, la solidaridad y la esperanza se abrieron paso frente al egoísmo y la desesperanza inicial.

Y hoy, aunque todavía falta mucho camino por recorrer, tenemos la convicción más que nunca, que cualquier esfuerzo vale la pena para garantizar los derechos de lxs niñxs, que las familias siguen siendo nuestros aliados incondicionales y que nuestra presencia tiene sentido en nuestros barrios si y solo si somos capaces de ser servidores de los más vulnerados y tejedores de la justicia, la esperanza y la solidaridad.

Lic. Carlos Caballero

 

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(I) Escuchar las infancias (Ed. NOVEDUC)

(II) Epistemóloga. Doctora por la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, Brasil, 2001. Master en Metodología de la Investigación Científica, por la Universidad de Belgrano, Buenos Aires, Argentina, 1989

(III) Diálogo entre El zorro al Principito, El Principito